Apoyamos el cultivo tradicional en Doñana

Hace más de 500 años, se exportaron los primeros vinos del Condado, en concreto de Villalba, para tierras americanas, ya desde entonces y hasta nuestros días, los viñedos forman parte de la economía, la identidad, la cultura y las fiestas de estos pueblos, conectando con su pasado y manteniendo vivas sus tradiciones.

Las cooperativas vinícolas de primer grado de las poblaciones de Almonte, Bollullos, La Palma, Manzanilla, Rociana y Villalba, pertenecen a la de segundo grado OnuCoop. Estas cooperativas, cultivan prácticamente el 100% de la vid en la Reserva de la Biosfera de Doñana, utilizando métodos tradicionales, que aportan al Espacio Natural de Doñana regulación climática, control de la erosión, contribución a la formación de suelo y aportación de hábitats para especies entre otros. Considerándose su mantenimiento y ampliación, vital para la conservación del citado espacio natural.

El cultivo tradicional del viñedo en secano en los municipios vinculados con Doñana, supone una expresión heredada de su forma de vida, actuando como un elemento cohesionador entre ellos.

El papel que juega el viñedo en la conservación de los espacios protegidos de Doñana, mediante la permanencia digna de los distintos paisajes que lo conformaron y que lo protegen; es vital.

Así se ha puesto de manifiesto en el informe final del proyecto OpenNESS, proyecto que se ha ejecutado por un consorcio en el que participan más de 30 socios de diversos países de Europa, financiado por el programa FP7 de la Unión Europea.

El objetivo del proyecto OpenNESS es analizar las posibilidades que ofrece el marco de los servicios de los ecosistemas para mejorar la gestión ambiental, la planificación territorial y el uso de los recursos naturales.

El caso de estudio número 19 del proyecto OpenNESS centrado en los viñedos tradicionales de Doñana, ofrece un claro ejemplo donde el marco de los servicios de los ecosistemas puede usarse para mejorar la gestión ambiental y a la vez repercutir positivamente en la situación socioeconómica impulsando de nuevo los viñedos tradicionales y su multifuncionalidad.

El resumen del informe final de dicho proyecto nos dice:

La fragilidad de los ecosistemas de Doñana, y la proximidad de los campos de agricultura a los espacios protegidos, hacen del cultivo tradicional del viñedo la única alternativa agraria preservadora de los ecosistemas de este Espacio Natural Protegido.

En el geosistema de Doñana, el viñedo fija los suelos, evita la erosión y con ello frena la colmatación de los arroyos y cauces que vierten a la marisma, por ello la desaparición de este cultivo incide negativamente en el resto del espacio. Además en el entorno de las zonas forestales, la vid se distribuye en un mosaico que actúa como refugio de especies cinegéticas y como cortafuego; desempeñando una labor clave como corredor ecológico, facilitando el tránsito de la fauna y favoreciendo la conectividad biológica entre las distintas zonas agrarias y las del parque de Doñana.

El cultivo tradicional del viñedo de Doñana, aglutina funciones y valores que superan con mucho su papel como productor agrícola, es un cultivo unificador, cohesionador en el plano de las relaciones familiares y territoriales, forma parte de la columna vertebral de un espacio que quiere ser referente nacional y europeo de la práctica eficiente de la sostenibilidad.

Permite mantener vivas prácticas agrícolas tradicionales, muchas de ellas hoy en riesgo de desaparición.

Uno de los principales objetivos del proyecto OpenNESS es contribuir a la elaboración de propuestas concretas de gestión que se diseñen en colaboración directa con los actores interesados. Por esta razón, cada caso de estudio del OpenNESS debía contar con un comité asesor constituido por actores locales para la implementación del marco de los servicios de los ecosistemas. Las medidas propuestas por el comité han sido:

  • Mejorar la comercialización.
  • Eco-etiquetado.
  • Favorecer el enoturismo.
  • Pago por servicios ambientales.
  • Ayudas directas al agricultor.
  • Potenciar la concienciación social de los beneficios ambientales y culturales.
  • Políticas fiscales.

 

Nuestras viñas y nuestros vinos.

Las superficies de este sistema agrario se encuentran ocupadas por la variedad autóctona zalema, que se caracteriza por estar perfectamente adaptada a las condiciones de suelo y clima propios de este entorno y por no necesitar del escaso recurso del agua, contribuyendo a la conservación de este recurso cada vez más escaso.

Nuestros vinos y vinagres son elementos fundamentales en la tradición gastronómica comarcal, y suponen beneficios para la salud y calidad de vida.

El cultivo tradicional del viñedo forma parte de la identidad de Doñana, sus caldos bajo la denominación de origen Condado de Huelva, cuentan ya con una calidad refrendada en numerosos concursos nacionales e internacionales.

La puesta en valor de estos vinos del Descubrimiento es escasa, así como el porcentaje de vinos embotellados, también por ello la rentabilidad final del producto es baja y se convierte en uno de los principales motivos por los que el cultivo tiende a desaparecer en la Reserva de Biosfera de Doñana.

En los últimos 35 años la superficie utilizada para el cultivo se ha reducido en un 83%, pasando de 15.500 hectáreas a 2.615. Esto ha generado diversos problemas ecológicos, incluyendo un aumento de las tasas de erosión que han afectado negativamente al Espacio Natural de Doñana, acelerando la colmatación de la marisma, y conllevando la pérdida de diversos valores ambientales.

Las explotaciones son marcadamente minifundistas, el 95% de las mismas tiene menos de cinco hectáreas.

Los costes del cultivo son elevados, superiores a 3.000 € por hectárea y un coste unitario de entre 0.31 y 0.33 € por kilo de uva (datos de un estudio de la Junta de Andalucía del año 2005). Las liquidaciones promedio de los últimos años en las Cooperativas vinícolas ha sido de 0.12 € kilo de uva, cubriendo solamente el 35% del coste estimado. Los cultivos solo son sostenibles por la aportación de mano de obra familiar, que debido a la ausencia de relevo generacional, consecuencia de la negativa rentabilidad de las explotaciones agrícolas; tienden a su desaparición, con graves consecuencias para los Espacios Protegidos de Doñana.

El arranque de viñedos fomentado por la UE, el bajo precio de la uva, la falta de relevo generacional y la sustitución por otros cultivos más rentables, aunque necesitados de mayores insumos y con repercusiones más negativas en relación con los aspectos medioambientales; han hecho del cultivo tradicional del viñedo una especie en vías de extinción.

Las actuaciones políticas tendentes al mantenimiento de los espacios agrarios tradicionales, así como los planes de desarrollo rural, no han tenido el efecto deseado sobre nuestro cultivo, cuando estas lleguen, si llegan, igual es demasiado tarde.

En este sentido se necesita un esfuerzo presupuestario y una voluntad política para cubrir las nuevas funciones de la agricultura, entre ellas la salvaguarda de los valores naturales, paisajísticos y culturales. Esta multifuncionalidad es el auténtico argumento para defender las ayudas comunitarias de muchos agrosistemas poco adaptados a la competitividad de los mercados, entre los que cabe citar el valor medioambiental de los viñedos de Doñana.

La contribución positiva de los viñedos de secano al objetivo general de conservación del medio, puede encontrar su retorno en el refuerzo del valor del producto final por su origen y por la calidad ambiental del proceso.

En estos momentos, su mantenimiento desde el punto de vista económico, es menos costoso que asumir otras medidas necesarias para la conservación del parque Nacional y Natural de Doñana, que serían necesarias si se perdiera este cultivo en el entorno.

Por todo lo anterior, desde la cooperativa de segundo grado OnuCoop: Defendemos el valor socioeconómico, cultural y medioambiental del cultivo tradicional del viñedo de Doñana, como la mejor actividad agraria sostenible de la zona. Por lo que esta debe ser económicamente rentable, medioambientalmente sana y socialmente justa.

Y centramos nuestros esfuerzos en dos vías de actuación; por un lado buscar el reconocimiento de la importancia del mantenimiento y el crecimiento del cultivo tradicional del viñedo, y que este reconocimiento se traduzca en ayudas directas al agricultor, y por otro, el poner en valor comercialmente la calidad y singularidad de unos caldos distintos y únicos, por todas las razones comentadas anteriormente.

EL viñedo de Doñana